Tuesday, December 07, 2021  |

By Ryan Songalia

AL IGUAL QUE MUCHOS BOXEADORES QUE LUEGO ALCANZAN UN COLOSAL ÉXITO, MANNY PACQUIAO PROVIENE DE ORÍGENES MUY HUMILDES

No habían muchas razones para sospechar que este viaje de dos horas desde Manila a la isla Sablayan en enero de 1995 fuese a ser realmente notable.  Pero había una razón: la presencia de un pasajero de 16 años de edad llamado Manny Pacquiao. De no ser por su presencia, éste hubiese sido un viaje más de los miles que hacen los jóvenes filipinos por todo el país, buscando recibir algún dinero a cambio de intercambiar golpes con otros jóvenes iguales a ellos.

Una vez que amarró el barco, el viaje se reanudó por tierra durante otras tres horas, hasta llegar a una pequeña cancha de básquet cubierta.  Un malnutrido Pacquiao pesó penas 98 libras (44.5 kilos), y tuvo que llenarse los bolsillos de piedras y objetos pesados para llegar a las 106 libras reglamentarias (48 kilos).  Como tenía menos de 18 años, le decía a la Comisión de Juegos y Entretenimientos que se había olvidado su certificado en su ciudad de General Santos, y que les enviaría una copia más tarde.

La bolsa era equivalente a apenas $1000 pesos, equivalentes a $30 dólares, y por ese dinero Pacquiao superó por puntos a Edmund Ignacio en cuatro asaltos, pero para un niño acostumbrado a cenar un vaso de agua porque su madre no tenía dinero para comprarle la cena a sus cinco hijos, y que durmió en las calles al irse de su casa a los 14 años, y quien vendió galletas en las calles por unos pocos pesos para mantenerse vivo, ese dinero era todo el incentivo que necesitaba.

Pacquiao adolescente, en Manila. (Foto por Gerhard Joren/LightRocket via Getty Images)

Mucho antes de volar sobre el Océano Pacífico para entrenar en Hollywood, antes de que Bob Dylan y Sylvester Stallone pasaran por el Wild Card Boxing Club para verlo entrenar, Pacquiao hizo sus primeros entrenamientos en el LM Gym en Paquita Street, en Sampaloc.  Estuvo ubicado en unos 200 metros cuadrados de terreno en medio de un laberinto de calles angostas hasta que fue demolido en 2009 (Pacquiao erigió su «MP Tower», con gimnasios y oficinas, en ese mismo sitio).  El equipo estaba desgastado, el aire olía a orina de una pared cercana al gimnasio que los boxeadores usaban como mingitorio abierto, y aun así ese pequeño gimnasio fue el lugar del cual salieron numerosos campeones mundiales, incluyendo a Luisito Espinosa, Morris East y Rolando Pascua.  Pacquiao había sido traído desde General Santos City junto a otros siete boxeadores al gimnasio que estaba en manos de Polding Correa, un adinerado personaje ligado a la industria de la construcción nativo de Malabon, que manejaba boxeadores en su tiempo libre.  Durante el día, los boxeadores trabajaban en las obras de construcción de Correa, y luego entrenaban a la tarde.  Pacquiao y el resto de su equipo de GenSan dormían en el piso, uno junto al otro.

Correa confió el manejo diario de los asuntos de Pacquiao a Rod Nazario, un promotor con décadas de experiencia, y a Lito Mondejar, uno de los co-fundadores del gimnasio.  Nazario y Mondejar tenían un conocido programa de boxeo llamado Blow by Blow, que se emitía en la red de televisión nacional.  Pacquiao pronto se transformaría en una de las atracciones estelares.  En el amateurismo había sido entrenado por Dizon Cordero, pero luego Leonardo Pablo tomó su lugar cuando se hizo profesional. Pablo, un hombre mayor que estaba ciego de un ojo, había sido boxeador también.  Con Pablo en su rincón, Pacquiao ganó por puntos en cuatro de sus cinco combates antes de comenzar a asentarse mejor en sus golpes y obtener nocauts.

(Foto por Gerhard Joren/LightRocket via Getty Images)

«En aquellos días él era bastante desprolijo.  No tenía mucha defensa», dice Joaquín «Quinito» Henson, quien comentó varias de esas primeras peleas junto a Ronnie Nathanielsz para Blow by Blow. «Tenía mucho movimiento de piernas, pero no tenía ritmo».

«Su estilo anterior no era comparable a lo que hizo después con Freddie Roach», dijo el ex monarca en dos categorías Gerry Penalosa.  «Era como un peleador callejero.  Tenía corazón.  Quería salir a matarte”.

Por mucha gloria que Pacquiao haya estado ganando en esas primeras peleas, también tuvo muchas tristezas para compensar.  Dos de los otros boxeadores con quienes él se mudó a Manila fallecieron poco después de llegar.  Eddie Cadalzo, uno de los boxeadores que dormía en el piso del gimnasio con él, falleció mientras estaba dormido.  Otro boxeador, Eugene Barutag, murió por las lesiones sufridas en una pelea el 9 de diciembre de 1995.  Pacquiao tuvo que pelear después de ese combate esa noche, y recuerda haberle acariciado la cabeza a su amigo con su guante mientras lo llevaban al hospital.  Con apenas unos pocos minutos para procesar lo sucedido, Pacquiao tuvo que dejar su pena de lado y recorrer la distancia a 10 asaltos ante Rolando Toyogon, imponiéndose por puntos.

Casi un año después de hacerse profesional, Pacquiao ya no tuvo que ponerse más peso adicional en sus pantalones antes de subir a la balanza.  Su cuerpo estaba creciendo, tal como quedó evidenciado en sus problemas de peso durante un duro rival acostumbrado a arruinar carreras ajenas como lo fue Rústico Torrecampo, en febrero de 1996.  Pacquiao pesó medio kilo más del límite permitido y debió usar guantes de ocho onzas, mientras que Torrecampo usó guantes de seis.  Durante los primeros asaltos, Pacquiao lució tan fuerte y veloz como siempre, atacando con fuerza, conectando con la izquierda y sacudiendo una y otra vez al retador.  Todo estuvo bien, hasta que dejó de estarlo. Torrecampo conectó a Pacquiao con una tremenda izquierda sobre el mentón en el tercer asalto, justo cuando Pacquiao trataba de conectar una izquierda suya.  Cuando Pacquiao finalmente se puso de pie minutos después de perder por nocaut, comenzó a saltar y tirar golpes al aire como si la pelea estuviese a punto de comenzar.

La pelea ante Torrecampo fue la primera vez en que Rick Staheli vio pelear a Pacquiao. Staheli era un veterano militar estadounidense que había aprendido a entrenar de manera autodidacta por medio de videocasetes, y dijo que nunca vio una multitud tan ruidosa como la de aquella noche en Mandaluyong City.  A pesar del resultado, Pacquiao dejó una buena impresión en él.  Staheli comenzó ayudando a Manny en el gimnasio, y luego se hizo cargo del puesto de entrenador en 1997, dividiendo el 10 por ciento correspondiente a los entrenadores con Pablo, quien continuó como asistente.  Entre las primeras cosas en las que trabajó Staheli se encontraba la dieta de Pacquiao.  Siendo quizás el peso mosca físicamente más grande del mundo, el gran rival de Pacquiao terminaría siendo la báscula.  Por eso Staheli sustituyó el arroz integral por arroz blanco, y el pan multigranos por el típico «pandesal», con mucha azúcar.

«Nunca olvidaré cuando Manny me dijo ‘hey, profe… ¿por qué hay maníes en el pan?’ Y yo le dije que en realidad habían pequeños pedazos de cebada en el pan», dijo Staheli.

El valor de mercado de Pacquiao subió repentinamente en junio de 1997, cuando noqueó al peligroso Chockchai Chockvivat en cinco asaltos para alzarse con el título de peso mosca de la OPBF.  Luego viajó a Cebu City para enfrentar a Melvin Magramo, un duro pero poco refinado fajador que casi nunca dejaba de lanzar duros golpes.

Tan embelesado estaba Manny al poder pelear en el histórico Cebu Coliseum, donde leyendas como Flash Elorde y Bernabé Villacampo habían peleado, que salió del vestuario y se puso a mirar al público asistente.

«Lo perseguimos hasta el ring, y yo le dije ‘vamos, Manny, todavía no hiciste precalentamiento’”; dijo Staheli.  «Y él estaba por ahí mirando al público.  Le encantaba estar en el centro de la atención de todos».

Poco tiempo después del sonar de la campana, Magramo conectó a Pacquiao en frío, mareando al púgil de 18 años de edad, quien continuó lanzando golpes en piloto automático.  Staheli podía sentir que algo no andaba bien con su boxeador.  Cuando las chicas que cargan el cartel entre cada round pasaron junto a él antes del inicio del sexto, el entrenador decidió poner a prueba las facultades mentales de Pacquiao: «Le pregunté ‘¿en qué round estamos?’  Y dijo ‘Cebú’.  Y yo dije ‘bueno, no le erraste por mucho’».  Staheli hizo lo mejor que pudo para ganar tiempo para que Pacquiao pueda recuperarse, tomándose su tiempo para arreglar la cinta de los guantes en el octavo asalto, ante las críticas de los apostadores en el ringside.  Pacquiao ganó por puntos, y Staheli lo sacó de ese lugar cuanto antes.

Con su cuerpo dolorido y golpeado, un joven Pacquiao entrenaba en un gimnasio equipado de manera improvisada con materiales de descarte (Foto por Gerhard Joren/LightRocket via Getty Images)

A medida que los ratings de Pacquiao crecían, lo mismo sucedía con sus ganancias.  Staheli dice que las bolsas que cobró Pacquiao pasaron de alrededor de $1.000 por la pelea de Chockvivat a unos $3.000 para su combate ante Magramo, y luego $7.000 por un triunfo por nocaut en el primer round tras un duro golpe al cuerpo a Narong Datchthuyawat en la cartelera encabezada por Luisito Espinosa vs. Carlos Ríos por el título de peso pluma del CMB en diciembre de 1997.

El ascenso de Pacquiao capturó la atención de Penalosa, quien pasaba por Manila de camino a la norteña y montañosa ciudad de Baguio para un campamento de entrenamiento.  Penalosa, por entonces monarca de peso gallo junior del CMB, estaba buscando a otro zurdo para guantear con él, en preparación para su pelea ante Young Joo Cho en noviembre de 1997.

Cuando sonó la campana en el LM Gym, la diferencia en experiencia se notó mucho.

“(Penalosa) le dio a (Pacquiao) una buena golpiza”, dijo Staheli. «De hecho lo derribó con un golpe al cuerpo.  Se suponía que guantearan cuatro rounds, y él lo derribó en el segundo».  Staheli se dirigió entonces a Dodie Boy Penalosa, quien estaba a cargo del entrenamiento de su hermano menor, y le dijo que cortaría la sesión un round antes.  Pacquiao salió con todo al tercero, lanzando duras manos para imponer su boxeo, pero Penalosa, un técnico consumado, utilizó esa oportunidad para hacer una mera práctica de tiro.

A pesar del resultado, Gerry Penalosa vio mucho potencial en ese jovencito adolescente.

«Yo supe desde el comienzo que este tipo sería algo grande, que se transformaría en un grande», dijo Penalosa.

Penalosa terminó pagándole a Pacquiao $10.000 pesos por mes para trabajar como su compañero de guanteo principal.  Más que el dinero, ésta fue una oportunidad para aprender del boxeador a quien luego Roach describiría como el más talentoso boxeador filipino de la historia.

Pacquiao hizo su primera pelea en el extranjero en mayo de 1998, noqueando a Shin Terao en un round en Japón.  Su segunda estampa en el pasaporte lo llevaría a un choque ante un oponente mucho más difícil.

“Yo supe desde el comienzo que este tipo sería algo grande, que se transformaría en un grande.”
– Gerry Penalosa

Eran las dos de la tarde, en un día muy caluroso en un mercado público en las afueras de Bangkok, Tailandia, cuando Pacquiao tuvo su primera oportunidad de disputar un título mundial.  Chatchai Sasakul, quien tenía en sus manos el cinturón del CMB en el peso mosca, era un estelar boxeador en su país luego de haber competido en las Olimpíadas de 1988.  Había ganado el título en Japón un año antes, dándole a Yuri Arbachakov su primera derrota, y tenía un estilo de boxeador-contragolpeador que parecía ser el plan perfecto para su salvaje y joven rival.  Una decisión localista era la preocupación más lejana en la mente de Staheli.

«Yo sabía que teníamos que ganar por nocaut”, dijo Staheli.  «Olvídense de las malas decisiones, este tipo es un buen boxeador.  Es mucho mejor boxeador que Manny».

Durante los primeros siete rounds, así fue como se dieron las cosas, con un Pacquiao mucho más grande físicamente acechando a Sasakul, quien tranquilamente conectaba contragolpes arriba y abajo.  La presión y los golpes al cuerpo de Pacquiao comenzaron a desgastar a Sasakil, quien comenzó a bajar mucho las manos como producto de la fatiga.  «Era un boxeador muy decidido», rememora Sasakul.  «Tenía muchas ganas de quitarme el campeonato».  Eso fue exactamente lo que Pacquiao terminó haciendo en el octavo asalto, conectando una amplia izquierda al mentón que envió a Sasakul de bruces a las lonas.  Sasakul tuvo problemas para ponerse de pie nuevamente antes de caer de frente y luego de espaldas al intentar incorporarse.

«Nadie me alentaba», dijo Pacquiao, riendo.  «Ellos pensaban que yo era un oponente de paso para el gran campeón tailandés.  Pero lo terminé noqueando».

La popularidad de Pacquiao en su tierra natal se disparó después de ganar el título.  Poco tiempo después de llegar a Manila, un representante local de la marca de ropa No Fear le ofreció un trato que definiría el aspecto del boxeador durante años.  Los enormes anuncios junto a las rutas del país pronto se verían ilustradas con su rostro, y todas las celebridades del país formaban fila para ser fotografiados junto a él.

«Cuando armábamos sus peleas en Cotabato, la gente de toda la provincia de Mindanao viajaba durante largas horas solo para verlo pelear.  Algunos llegaban el día anterior y esperaban que las puertas abrieran a las 6 de la mañana», dijo Manny Pinol, quien en esa época acababa de ser electo como vicegobernador de North Cotabato cuando promovió una cartelera encabezado por encabezado por el combate entre Pacquiao y Todd Makelim en febrero de 1999, sin el título en juego.  «Yo diría que él es el boxeador filipino más famoso de todos los tiempos, y su historia de Cenicienta le agrega más profundidad a su drama”.

Pacquiao despachó a Makelim en tres asaltos. Esa sería su última pelea con Staheli en su rincón, ya que Pablo retomaría su rol de entrenador de cabecera.  Pacquiao encabezó un nuevo pleito en el Araneta Coliseum, el sitio del «Thrilla in Manila”.  Su oponente para esta defensa obligatoria era Gabriel Mira, el primero de muchos boxeadores mexicanos a los que terminaría enfrentando.  A pesar de tener un récord de apenas 19-7-1 (15 KOs) antes de la pelea, Mira demostró que tenía mucha pegada, lastimando a Pacquiao al cuerpo con un gancho de izquierda en el segundo round.  Luego de recuperar la respiración, Pacquiao se puso a trabajar y conectó dos izquierdas al final de la sesión, con las cuales puso a Mira en las lonas.  «Me sentí bien hasta que me golpeó en los últimos segundos del round”, dijo Mira.  «No pude recuperarme al 100 por ciento.  Yo estaba peleando por instinto».  Pacquiao anotaría otra caída en el tercero y tres más en el cuarto para adjudicarse el triunfo por nocaut técnico.

Una de las condiciones para acceder a la pelea ante Sasakul fue que el promotor tailandés, Virat Vachirarattanawong, podría optar por contratar a Pacquiao para una pelea más.  Se cobró esa cláusula al llevar a Pacquiao nuevamente en septiembre de 1999 para enfrentar a Medgoen Singsurat.  Para entonces, el cuerpo de Pacquiao había madurado y crecido, y lograr las 112 libras se estaba transformando en una tarea muy difícil.  El día del pesaje, Pacquiao todavía estaba excedido en casi un kilo y medio, y el equipo comenzó a desesperarse.  «Le estaban frotando calamansi (una fruta cítrica amarga) en la lengua para forzarlo a salivar, como si eso fuese a hacer a la diferencia”, dijo Henson.  Otras ideas incluían cortarle el pelo o transformar el baño en un sauna, pero ya no le quedaban gotas de transpiración para soltar.  Pacquiao superó el límite del peso contractual por una libra (450 gramos), y fue despojado del cinturón.  Tan agotado estaba, que un golpe que apenas le rozó el abdomen lo puso en las lonas por el conteo completo.

Cuando Pacquiao regresó al ring tres meses más tarde, lo hizo como peso pluma junior, salteando dos divisiones para reiniciar allí su carrera, Pablo ya se había marchado, y Emil Romano, un ex boxeador profesional, estaba ahora a cargo.  «Yo le había dicho que noquearía a todos sus oponentes en la división de las 122 libras», dijo Romano.  «En todas las peleas que hizo conmigo ganó por nocaut”.  Tras cuatro semanas de ajustes a su nueva división y su nuevo entrenador, Pacquiao se transformó en el mejor boxeador de 122 libras en las Filipinas al demoler a Reynante Jamili en dos asaltos.

Todo fue muy bien hasta octubre del 2000, cuando Pacquiao se enfrentó a Nedal Hussein, un invicto australiano con un mentón de acero y una tremenda pegada.  En el cuarto round, Pacquiao fue derribado por el golpe menos pensado: un jab.  Sonrió, medio mareado y medio avergonzado, y se puso de pie tras un largo conteo del árbitro Carlos Padilla.  «Si lo miras bien, fueron como 17.1 segundos», dijo Hussein.  «Siempre me entrené para pelear con zurdos, y supe siempre que el golpe más fácil de conectarles era el jab.  No tuve que ponerle demasiada potencia para hacerle daño porque él vino justo hacia mí».

Pacquiao estaba al frente en todas las tarjetas para cuando la pelea fue detenida en el 10mo round debido a un corte sobre el ojo izquierdo de Hussein, que Hussein insiste en que no era suficiente como para declarar un nocaut técnico.

El tiempo de Romano en el rincón de Pacquiao sería breve, durando apenas poco más de un año.  Cuando se dio la oportunidad de que Pacquiao viaje a los Estados Unidos en busca de las grandes peleas, Romano se quedó cuidando a los demás boxeadores del establo, con quienes había estado trabajando más tiempo.   Si Pacquiao no hubiese ingresado al gimnasio Wild Card de Hollywood y no hubiese impresionado tanto a Roach con su trabajo de manoplas como para que éste lo acepte en su establo de boxeadores, quizás no hubiésemos visto nunca esta gran dupla de boxeador y entrenador, quizás la más grande en la historia detrás de Muhammad Ali y Angelo Dundee. Si no hubiese estado en los Estados Unidos, y listo para presentarse reemplazando a Enrique Sánchez ante el monarca de peso pluma junior de la FIB Lehlohonolo Ledwaba con apenas dos semanas de preparación, es imposible saber cuánto tiempo le hubiese llevado darse a conocer.

Pero esos eventos sí tuvieron lugar, y fueron todas esas viejas batallas olvidadas las que lo prepararon para sacar la mayor ventaja posible de las oportunidades que lo esperaban en el futuro.

«Creo que así es el destino», dijo Penalosa.  «Por eso es que él se transformó en Manny Pacquiao.  Es uno de esos boxeadores que aparecen una vez en la vida».